miércoles, 25 de febrero de 2009
Un carro de bueyes por Salgueirón
En Salgueirón había un sitio que se llamaba "la cuadra", que estaba detrás del Garaje, en el que había unas viviendas y, presumiblemente, habría una cuadra con bueyes y carro. Tenían los palleiros hechos con los restos de los maizales. Recuerdo a dos de los niños que vivían allí --uno era pelirrojo--, más mayores que nosotros, uno de los cuales decían que había participado en la película "55 días en Pekín" de extra cuando estaba en la mili. Por otra parte, lo que si recuerdo es a un señor delgado y alto, con su boina y zuecos de cuero, que venía a menudo desde fuera a la Ballenera a coger estiércol de ballena para echar en los campos --recientemente vi una foto suya en uno de los libros de A Cepa. Como era un material blando iba dejando un reguero por toda la carretera de abajo, con el consiguiente olor y peligro de pisarlo, además de los restos naturales de los animales. El Roll se rebozaba en aquellos restos de estiércol y luego había que bañarlo. Era característico el cantar de aquellas ruedas cuando el carro venía cargado, "ardíalle o eixo na... carretera de abaixo".
viernes, 20 de febrero de 2009
La Cantina de Massó
La Cantina de Massó estaba encima de los vestuarios, su cometido era servir de comedor para que la gente comiera al mediodía y siguiera trabajando por la tarde. Las mujeres y los hombres traían la comida de casa en tarteras envueltas en paños, que tal vez calentaban en la Cantina, y lo que consumían allí era, preferentemente, la bebida y el pan. Había un apartado de la Cantina donde estaban los toneles de vino, Adolfo tenía unas medidas de cuartillo, medio o un litro y con ellos servía el vino. Curiosamente tenía una pequeña bodega de vino debajo de la escuela de las niñas en el Hotel. Cuando pusieron televisión, recuerdo que me quedaba viendo los partidos del Real Madrid, las películas de Rintintín o de Patrulla de Caminos, cuando iba a buscarle el vino a mi padre.
José el jardinero
José era el jardinero de Massó, le acompañaba una mujer (no me acuerdo de su nombre) que era su ayudante, y andaba arreglando mirtos y setos por todo Salgueirón. José era andaluz y vivía en una de las casas que daban a la carretera general. La fábrica tenía unos jardines todo a su alrededor, con especies foráneas, que estaban muy bien cuidados por estas personas. Los niños jugábamos al futbol en la alameda y éramos un peligro para aquellos jardines, sin embargo nunca nos llamaron la atención más que lo debido. Pegado a mi casa y a la de Rafaela, en la alameda, había unos rosales de los que recuerdo la perilla que quedaba cuando se caían los pétalos. Por aquel entonces alguien me había dicho que los rosales y las manzanas eran de la misma familia, lo cual no me extrañaba viendo aquellos cálices fecundados. Cuando José se fue ya no vino otro jardinero, que yo recuerde, aunque los jardines fueron subsistiendo con un mínimo mantenimiento.
martes, 17 de febrero de 2009
La matanza del cerdo
Siendo pequeño asistí a la matanza de un cerdo detrás del Hotel. Se mataba el cerdo clavándole un gran cuchillo en la garganta. ¡Chillaba de lo lindo!. La sangre se recogía en unas palanganas para hacer las morcillas y las filloas. Se extendía en un banco y se le quemaban los pelos con unas pajas encendidas. En varios sitios de Salgueirón se debían de cuidar cerdos que luego se sacrificaban porque solía oírse el silbido del capador en otoño, aunque posteriormente también usaba aquel silbato el paragüero-afilador. Éste último venía al principio con su tradicional rueda de afilador, posteriormente traía una moto, afilaba cuchillos y ponía remaches en las tarteras que se picaban.
viernes, 13 de febrero de 2009
La sirena de la fábrica de Massó
La entrada y salida de la fábrica se hacía a golpe de sirena. Sonaba por la mañana temprano, al mediodía, por la tarde temprano y a última hora de la tarde. Todo dependía del pescado que hubiera llegado. Había personal fijo y personal discontinuo, para éstos últimos era fundamentalmente la sirena. Sonaba en varios kilómetros a la redonda (estábamos acostumbrados a aquel pitido) y ésta era la señal de que había trabajo. Los trabajadores y trabajadoras tenían que fichar en un reloj-panel que había a la entrada, así se controlaban las horas de trabajo y, por cierto, el salario se daba en unos sobres beiges.
Cebo vivo
Algunos barcos de pesca que atracaban en el muelle de Massó disponían de un pequeño espacio en la cubierta donde tenían agua de mar con sardinitas vivas, una especie de pecera, que era el cebo vivo que utilizaban para pescar. De pequeños los niños andábamos mucho por el muelle y nos subíamos a las cubiertas. Recuerdo mirar dentro de aquellos depósito y sorprenderme al ver los peces nadando porque no esperaba que un barco de pesca mantuviera el pescado vivo, había un contrasentido aparente: el barco encima del mar y conteniendo agua de mar. Los pesqueros vascos venían a la ría de Vigo a capturar este cebo vivo, me parece que eran boniteros, venían en grupo y estaban unos días por medio de la ría, se reconocían por la forma y los colores más vivos de sus barcos.
jueves, 5 de febrero de 2009
Temporal en la ría
Cuando había temporal en la ría el barco de vapor hacía un recorrido más largo. Para coger de proa y después de popa las olas tenía que salir de Cangas en dirección hacia la salida de la ría y después enfilaba hacia el muelle de trasatlánticos de Vigo. A la vuelta hacía el mismo trayecto en sentido inverso. En este ángulo más agudo, en su recorrido primero pasaba muy paralelo a Salgueirón, y el verlo en esta maniobra era señal inequívoca de que el mar estaba complicado para ir a Vigo. Cuanto más paralelo iba a la costa más temporal había. En algunos momentos se llegaba a cerrar el puerto y entonces se suprimía el servicio. Estas maniobras las podía contemplar desde la ventana de mi habitación y, curiosamente, a mí me gustaban los días así de complicados.
martes, 3 de febrero de 2009
La tiña
De pequeños los niños decían que si comíamos fruta verde nos entraba la tiña. El asunto era bastante disuasorio porque no queríamos vernos con la cabeza a peladas. Tal vez fuese una estrategia para que dejáramos madurar la fruta porque éramos unos impacientes o para que no la robásemos. Hablando de fruta, recuerdo que en la cantera de detrás del Hotel había unas vides salvajes e íbamos a coger algunos racimos que había por el verano. No solíamos andar mucho por allí porque era ya territorio de los de Balea. Aquella cantera junto con la del Montiño era de donde habían sacado la piedra para la construcción de la fábrica. Ahora me acuerdo de haber vivido la extracción de la piedra en la cantera del Montiño, hacían agujeros y metían la dinamita, pero antes de explotar tocaban una especie de cuerno para avisar de que iba a haber una detonación. La explosión hacía retumbar las casas.
Las anchoas
Una vez me encontré en la fábrica de redes con unos barriles prensados (con piedras encima) llenos de anchoas en el proceso de salazón. Me pareció que aquel era un sistema más antiguo de hacer la conserva y también me sorprendió que los barriles estuvieran en plena calle. Recuerdo oír contar a Don Paco, el director gerente de la fábrica, historias de cuando iba al País Vasco a comprar los camiones cargados de anchoas para traer a Massó. De ahí le venía el ser aficionado de la Real Sociedad.
domingo, 1 de febrero de 2009
Observación de un OVNI desde Salgueirón
Una tarde de domingo (aprox. 1970) se observó desde Salgueirón, en la dirección del monte de San Roque, una especie de globo alargado que permanecía inmóvil en el cielo. La primera impresión fue que era un globo aerostático que no se desplazaba mucho, que estaba demasiado estático y bastante alto. La cuestión es que no le dí más importancia hasta que por la noche, escuchando la radio, resultó que decían que desde muchos puntos de la provincia habían visto también ese objeto y daban testimonios de lo más variopintos: había gente que lo había visto descender de forma rápida hacia las islas Ons; otros decían que se movía hacia tal o cual dirección. La cuestión es que no hubo más historia que ésto.
Recuerdo que me resultaba emocionante haber sido testigo de un caso del llamado fenómeno OVNI.
Recuerdo que me resultaba emocionante haber sido testigo de un caso del llamado fenómeno OVNI.
Don Bernardo
Don Bernardo era el activo cura de Darbo. El anterior cura venía una vez al año por las casas de Salgueirón a bendecirlas, normalmente en verano y acompañado de unos monaguillos a los que se les daba algo, sin embargo, Don Bernardo venía más a menudo por las escuelas a dar charlas de catequesis. Lo que llamaba más la atención era que traía "muchas innovaciones técnicas", al principio utilizaba una moto en sus desplazamientos, pero luego pasó a usar un "huevo", esto es, una especie de minicoche en forma de huevo. Creo que era el cura que daba misa en la fábrica de Massó cuando había que trabajar los domingos cuando se acumulaba el producto. También la decía en San Roque y en una iglesia que tenía en un piso en el mismo Cangas y la razón de tanto desplazamiento, entre otras cosas, era que la parroquia de Darbo tenía (y tiene) una extensión muy grande.
A don Bernardo yo lo percibí como un nuevo modelo de cura surgido del Vaticano II.
A don Bernardo yo lo percibí como un nuevo modelo de cura surgido del Vaticano II.
miércoles, 28 de enero de 2009
Un avión Saeta sobrevolando Salgueirón
Adolfo, el de la cantina, tenía un hijo piloto -- así lo recuerdo--, que sobrevolaba Salgueirón en un avión militar Saeta. Hacía varias pasadas sobre la cantina y después se iba. Ésto ocurrió varias veces. La primera vez sorprendió pero, después, ya era algo normal. No sé desde dónde venía, tal vez desde Vigo. También recuerdo que una vez vino un portaaviones americano a Vigo y unos cuantos aviones hicieron vuelos rasantes por encima de Salgueirón. Tanto ruido hicieron al volar tan bajo que al pasar encima de mí, me caí hacia atrás del susto.
domingo, 25 de enero de 2009
El sacauntos
De pequeños sufrimos la amenaza imaginaria del sacauntos. El unto lo conocíamos bien porque lo usaban nuestras madres para hacer el caldo, así que un sacauntos podía ser alguien que te abriese la barriga y te sacase la grasa de tu cuerpo. Nos decían que no nos metiéramos en los campos de maíz porque allí podía aparecer el sacauntos y llevarnos. Había un campo de maíz en la de Arís, a la salida de Salgueirón en dirección a Cangas, que cada vez que pasaba me hacía interrogar si allí estaría metido el sacauntos. La cuestión es que un campo de maíz con las plantas ya crecidas de un tamaño considerable era un lugar perfecto para esconderse alguien. ¡Con razón se hacen tantas películas de miedo en medio de campos de maíz!.
Este recuerdo es de cuando era pequeño, al poco tiempo comprendí que el tal "sacauntos" era una posibilidad algo remota, pero el asunto me planteaba una contradicción: me gustaban aquellas plantas de maíz y las mazorcas, y me parecía imposible que en medio de ellas hubiese algo malo.
Este recuerdo es de cuando era pequeño, al poco tiempo comprendí que el tal "sacauntos" era una posibilidad algo remota, pero el asunto me planteaba una contradicción: me gustaban aquellas plantas de maíz y las mazorcas, y me parecía imposible que en medio de ellas hubiese algo malo.
sábado, 24 de enero de 2009
Beber del caño
En aquellos años no había más agua envasada que las aguas minerales, después vinieron las aguas en botella de plástico. Bebíamos de todas las fuentes que había, algunas eran un simple caño en una pared y en el monte casi era beber del regato. No había noción de agua contaminada. Recuerdo estar bebiendo en una fuente del monte y al levantar la vista ver unas vacas unos metros más arriba, pastando sobre el regato que alimentaba la fuente. En casa, bebíamos del grifo. En la fábrica estaba la fuente de la guardería con dos "chafarís" de los que bebíamos todos los niños, y en la parte interior, hacia las duchas, había un buen grifo. En aquella época si coincidíamos un adulto y un niño para beber, el adulto cedía el turno al niño porque el adulto podía contagiarlo al poner su boca en el caño o grifo. ¡No contaminaba el agua, contaminaba el adulto!
La persona mayor aparecía ante nosotros como fuente de infecciones. Los niños éramos almas puras que corríamos el riesgo de ser contaminados.
La persona mayor aparecía ante nosotros como fuente de infecciones. Los niños éramos almas puras que corríamos el riesgo de ser contaminados.
martes, 20 de enero de 2009
Ballenas
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