viernes, 27 de noviembre de 2009

Factorías conservera y ballenera: Massó

En el Instituto Montecarrasco (Cangas) están realizando un trabajo de promoción de la lengua gallega con los alumnos/as de ESO, tomando como referencia las factorías conservera y ballenera de Cangas. José Ramón - mi marido y profesor del centro - aportó esta compilación de fotografías de las instalaciones antiguas y actuales que, como me parecieron interesantes, las incorporo a nuestro blog.
Espero que os guste.




domingo, 22 de noviembre de 2009

La de Barca

Hubo una época en que andábamos en bicicleta para ir a todos los lados, incluso llegamos a ir hasta Beluso, y, claro, teníamos que arreglar los pinchazos que ocurrían a menudo. Los suministros estaban en Cangas, en el taller de Barca, enfrente del muelle de la "Guapa", y solíamos caer por allí de vez en cuando. Disponíamos de unas cajas de parches y del pegamento especial que había a tal efecto que, junto con una hoja de papel de lija, nos permitía arreglar tubulares y seguir montando en bici.

Los vendedores de piñas

Una profesión antigua, la de vendedor de piñas de pino, existió mientras hubo cocinas de hierro porque con el butano se acabó la necesidad de esta materia prima. Venían con sacos de piñas hasta las casas y los vendían en la misma puerta, aunque no recuerdo si había que avisarles o pasaban al azar. Las cocinas de hierro se encendían con la leña de la huerta, de la poda de frutales y otras ramas, pero daba mejor fuego la piña del pino. Dentro de las piñas venían tijeretas, unos insectos alargados y marrones, se conoce que se alimentaban de algo que tenían, y cuando se echaban al fuego algunas tijeretas salían corriendo. Al igual que las cucarachas daban un poco de asco.

jueves, 19 de noviembre de 2009

La báscula

A la entrada de la fábrica de Massó, a la izquierda, había una báscula para pesar los camiones. Era una plancha de hierro rectangular en la que cabía un camión grande. Supongo que pesando el camión en lleno y luego vacío calculaban en peso de la carga. Había una ventana que daba a la báscula desde donde se daban instrucciones al conductor para poner y quitar el camión, el propio portero (el padre de Pili) era el que la manipulaba. Normalmente los camiones que salían de la fábrica llevaban todo tipo de conservas y los que llegaban podían traer desde pescado hasta aceite de oliva, pasando por sal o cualquier otra materia prima. La gente pasaba caminando por encima de la báscula cuando estaba libre y recuerdo que era bastante estable.

domingo, 15 de noviembre de 2009

El inspector de la escuela

Liste era el inspector que venía a las escuelas de vez en cuando, al menos a la de los niños. Mi padre nos avisaba de que iba a venir y nos preparaba por si nos hacía preguntas, cosa que alguna vez ocurría, pero por lo demás era una visita rutinaria que no nos creaba mas preocupación. Cuando se jubiló se fue a vivir a Cela según tengo entendido y ya no volví a ver otro inspector, para entonces se había acabado la escuela del Hotel y mi padre iba al grupo de San Roque. Las escuelas se cerraron antes de que quebrase Massó, por alguna razón se suprimieron y se integraron a maestros y alumnos en los grupos escolares.

Espejismos en Areamilla

Los días que apretaba fuerte el calor en verano, desde Areamilla se observaba un fenómeno meteorológico curioso, la formación de una franja horizontal en el horizonte que parecía querer elevar las Islas Cies o la costa de Bayona. Por efecto de la evaporación del mar se reflejaba éste en ese vapor impidiendo ver con claridad la linea del horizonte, amplificándola incluso y dando la impresión de que la tierra de enfrente tenía un zócalo. Lo mismo ocurre en el asfalto cuando está muy caliente y se convierte en un espejo haciendo desaparecer la carretera. Los niños imaginábamos que aquello podía ser un fenómeno similar al que ocurre en el desierto, aunque en este caso en vez de arena había agua.

domingo, 8 de noviembre de 2009

Arreglar cacerolas

Las cacerolas y ollas de casa estaban remachadas con aquellos aros debido a que por algún golpe se hacía un agujero y las dejaba inservibles hasta que se reparaban. Venían los afiladores y capadores (al parecer tenían ambas habilidades) y arreglaban las perolas o afilaban los cuchillos. Los primeros que venían también reparaban los paraguas con aquellos carros especiales de rueda a pedal, porque los de después ya venían en moto y eran más de afilar cuchillos que de otra cosa. Era una economía en la que las cosas cuando se estropeaban se arreglaban. Se zurcían calcetines o camisas, o se cogían puntos en las medias. Cuando la ropa estaba muy pasada se les hacía un reciclaje en forma de paños para secar. Hasta los cueros de los zapatos los usábamos para hacer tirachinas. Realmente no se tiraba nada que no fuese susceptible de rehusar.

viernes, 6 de noviembre de 2009

¿Una fuga en Areamilla?

Tengo un recuerdo borroso que tal vez me lo haya inventado, pero algo me suena de que una vez se escapó alguien de la Guardia Civil y se tiró al mar entre la Congorza y Areamilla y fue nadando hasta el "con" que hay por allí. Tuvieron que ir hasta el islote los guardias para poder apresarlo. ¿Alguien se acuerda de ésto? También me acuerdo, y debe de ser que era por aquella época, de ver hacer rapetadas en la playa de Areamilla al atardecer. Con unas chalanas y desde la playa traían arrastrando la red hasta alcanzar la playa con aquella bolsa final medio llena de pescados, con algunos salmonetes y algunas sollas entre otros.