sábado, 29 de septiembre de 2007

Los grillos del Campiño

El Campiño era el resto que había quedado de la cantera que había enfrente de las casas de Carlos y del practicante. De pequeños lo usábamos mucho los niños para jugar al bandidiño. Luego empezamos a recorrer la parte que quedaba por encima de la casa de D. Paco, que tenía unos enormes aloes en los que nos metíamos literalmente para escondernos y también estaba la famosa mina de agua, con murciélagos y todo. En el Campiño cogíamos grillos que luego guardábamos en cajas en casa y que alimentábamos con serradela. Para su captura había que usar una paja y hacerles cosquillas en el agujero o inundarles el mismo para que salieran - para ello solíamos mearles. El Campiño lo barríamos, es decir, estábamos tirados por el suelo todo el tiempo. La sensación que tengo es de estar en el suelo jugando al bandidiño o cogiendo grillos o entrando en los aloes por debajo. Y más pegados a la tierra no podíamos estar que hasta nos metíamos dentro de ella, en la mina de agua, como si fuésemos grillos humanos.

NOTA: El bandidiño era un juego de dos grupos en el que uno se escondía y el otro lo tenía que descubrir acercándose y, también, ocultándose en el terreno. Había que descubrir antes que ser descubierto. Cuando un chico de una de las partes descubría a otro decía "bandidiño", antes de que éste se lo dijera a él, quedando eliminado el descubierto en primer lugar. La palabra significaba en el juego eso: "descubierto". Los eliminados de ambas partes se iban saliendo del terreno de juego. Ganaba el grupo que eliminaba a todos los del otro grupo.
Descubrir o sacar afuera la vida es en parte una metáfora de nosotros mismos, muchas veces esperamos encontrarnos con las personas fuera de lo que les oculta, fuera de la cueva, en la luz, en donde lo negro es un elemento visible y no de ocultación. Esa parte viva de la persona viene a ser su propia esencia.

viernes, 21 de septiembre de 2007

Sin presunciones, sólo el candor de los recuerdos

Bueno, esta frase no es mía, es de una persona que aprecio, es lo que me dijo cuando le hablé de este proyecto y creo que, con su habitual agudeza para la significación, me definió el sentimiento de nuestro reencuentro.
Este alto en el camino es para hablar del recuerdo. Supongo que dos de las cualidades importantes del recuerdo correcto son: el candor y la no presunción. El ser humano no tiene pasado al nacer, eso nos iguala a todos, y esa es la razón de la no presunción cuando recordamos nuestros primeros años. La no presunción está asociada al candor de los recuerdos que nos traen la inocencia de aquellos años, que es el vivir experimentando en compañía, viviendo en paz.

lunes, 17 de septiembre de 2007

Fotos de la comida en Area Brava (2007)







Tenemos que agradecer a Iain y a Jose las fotos que sacaron en la comida. Si alguien las quiere en formato mayor que me lo diga.

jueves, 13 de septiembre de 2007

Censo de población de las casas de Massó en los años 60

Os propongo elaborar un censo de las familias que vivían en Salgueirón en la época de que hablamos, por mi parte tengo lío con las familias que habitaban en ciertas casas. Empiezo por:

Mi casa:
  1. Francisco Gil Ambrosiani
  2. Araceli Cordeiro Solla
    1. Araceli
    2. Francisco
La casa de Mateo, nuestros vecinos:
  1. Mateo Baliño
  2. Encarna...
    1. Moncho...
    2. Carmiña...
      1. Berto...
      2. Rosi...
      3. Susi
La casa de Carlos Ocaña:
  1. Carlos Ocaña ...
  2. Rafaela Santoro
    1. Gloria...
La casa del prácticante de Massó:
  1. Juan Villar
  2. ...
    1. Quique
    2. Carlos
La casa de Luis Baliño:
  1. Luis Baliño
  2. Socorro Pizcueta
    1. Marisa
    2. Fernando
    3. Encarna
    4. Celia
La casa de Dña. Sagrario:
  1. Eugenio
  2. Sagrario
    1. Jose Carlos
    2. Raquel
La casa de Pancho:
  1. Benito
  2. Carmen
    1. Pancho
    2. Filo
      1. Fina
      2. Estrella
La casa de Eudosia:
  1. Sabino
  2. Eudosia
    1. Miguel
    2. José María
    3. Merche
La casa de Rogelio:
  1. Rogelio Yebra
  2. Fina
    1. Montse
    2. Quelo
La casa de Cuevas:
  1. ...
  2. ...
    1. Benigno
    2. Paco
La casa de Marisa:
  1. Antonio Fernández
  2. Maruja Besada
    1. Marisa
    2. Toño
  3. Toñita Rama
La casa de Pili Valladares:
  1. Manolo
  2. Carmiña
    1. Lito
    2. Pili
La casa de Pino el veterinario:
  1. Juan Pino
  2. Berta
    1. Juan
    2. Rubén
    3. Berta
    4. María del Mar
La casa de Prieto
  1. ...
  2. ...
    1. Tito
    2. Mauro
    3. ...
    4. Pichicho

martes, 11 de septiembre de 2007

Los primeros recuerdos

Siempre me he preguntado por el recuerdo más antiguo de mi memoria. Uno de ellos puede ser el que tengo corriendo con un triciclo delante de las escaleras de mi casa, raspándome con los setos y los arbustos que tenía aquel rincón de la Alameda. Otro recuerdo antiguo me lo avivó hace poco Carlos Ocaña, que me comentó que una vez pasó un carro de vacas por la carretera delante de su casa y una de las vacas hizo sus necesidades sólidas, ante lo cual yo, que estaba presente, dije: "pu de mu" (traducido al castellano, caca de vaca). Otro recuerdo, con menos de cuatro años, es el del susto que nos dieron los obreros del Garaje a Fernando y a mí, cuando fuimos a curiosear y nos dijeron que nos iban a encerrar en aquella grúa --aún tengo presente cómo me latía el corazón en el pecho. Tal vez, el más significativo y antiguo que recuerde, sea el del día en que quise vivir la vida de mi padre y me dí cuenta que no era posible.

NOTA: El no poder vivir en mi padre me hizo tomar conciencia de que así estaba configurado el mundo, cada uno en su cuerpo, y creo que me tuve que conformar a mi pesar, y al asustarnos con encerrarnos en la grúa tuve la sensación de perder el pequeño grado de libertad que me quedaba. Ese grado de libertad lo he usado toda la vida para transparentar el mundo, intentando poder llegar más allá de mi cuerpo y otras barreras artificiales.

martes, 4 de septiembre de 2007

El eucaliptal de Massó

Lo primero que me viene a la cabeza es lo frondoso que era el eucaliptal. Tenía unos eucaliptos enormes, con sus troncos lisos, que desprendían un intenso aroma. También recuerdo el gemir de aquellos árboles al moverse con el viento y rozarse unas ramas con otras acompañado por el rumor intenso de las hojas. Había un camino que lo cruzaba y permitía acortar para ir desde nuestras casas a las playas. En verano, creo recordar, los árboles florecían y se cubrían de aquellas flores blancas que más tarde se convertían en gruesas piringolas que solíamos coger los niños para jugar.
El eucaliptal escondía un tesoro. Crecían en el suelo, en los pequeños claros que había, fresas silvestres, unas pequeñas matas de estas plantas que daban unas fresecillas y que nosotros recogíamos y nos comíamos en el sitio.

NOTA: Desde siempre las semillas representan las ideas y los árboles el conocimiento que generan. En este caso me quedó grabado lo maravilloso del descubrimiento de una planta interesante que ni me imaginaba que existiera. ¡Y al amparo de aquellos enormes árboles!. Este nuevo conocimiento venía acompañado de la recompensa de poder disfrutar de aquellas fresas. Es el placer de DESCUBRIR por uno mismo lo que no se sabe.

sábado, 1 de septiembre de 2007

Las playas de Massó

La playa de Areamilla era de todas las que había en la zona la que se podía considerar como tal. Tenía unas dimensiones reducidas pero lo suficientemente amplias como para tener un sistema dunar. Las demás eran pequeñas playas limitadas por las construcciones que se habían realizado en Massó. La del Carro o llamada también playa de Massó tenía la carretera encima, la de la Conchiña (hecha a base de las conchas de berberechos) estaba entre la carretera y el dique, la de la Congorza tenía un muelle y el Matadero al lado, y la del Medio quedaba delante de la laguna. Nos bañábamos en todas pero la que daba mas sensación de playa, como dije antes, era Areamilla.
A estas playas solíamos ir de mañana aunque también se podía ir de tarde o bien en las dos sesiones. Preferíamos las mareas altas a no ser que quisiéramos explorar las pozas y rocas en busca de camarones o caramujos. Conocíamos todos los rincones y sobre todo dónde mejor se podía bañar uno con cualquier tipo de marea. En Areamilla con marea baja existía el peligro de pisar una faneca brava con el consiguiente dolor.
Las playas las íbamos visitando con más frecuencia en función de las edades, cuantos más años teníamos más lejos nos desplazábamos. En mi caso aprendí a nadar en la de Massó, a tirarme de cabeza y a bucear en el Carro, al lado de esta playa, y acabé de nadar a kroll o libre en la de Areamilla.