sábado, 31 de marzo de 2012

Apagones

En invierno eran frecuentes los apagones, la línea eléctrica sufría las consecuencias de los temporales y se iba la luz por unos instantes o, en el peor de los caso, por horas. Teníamos preparadas velas que se usaban para poder hacer la cena o simplemente poder ir a la cama. Las velas eran un elemento cotidiano en las casas para tal fin, y los niños jugábamos con los gotones de cera que escurrían vela abajo. También tenían mucho atractivo las sombras que se proyectaban en las paredes, oscilando con las perturbaciones de la llama cuando hacía una pequeña corriente de aire. Las velas procedían generalmente de las procesiones, después de su cometido ritual pasaban a su papel doméstico, acabando su vida útil cuando se rompían en mil pedazos o se consumían. Se ponían de pie en un platillo derritiendo unas gotas que se vertían en el centro y servían para pegar la vela al plato y mantenerla vertical. Con el tiempo amarilleaban y acababan tiradas en algún cajón de la alacena o del aparador como resto del invierno pasado para lo que pudiera venir.

sábado, 24 de marzo de 2012

Los claroscuros

Tengo varios recuerdos de claroscuros, uno de ellos en el eucaliptal, donde en medio de aquella penumbra cruzaban los rayos de sol por entre los huecos de las cúpulas de los árboles. Este claroscuro lo tengo asociado a las fresas silvestres que crecían en medio de aquellos enormes eucaliptos, gracias al clarear de aquellos efectos de luz. Y las fresas silvestres representaban para mí la emoción de descubrir aquel secreto en medio de semejante umbría. También es cierto que con posteridad descubrí que en los campos de redes, al campo abierto, nacían diseminadas algunas matas de fresas. Con el tiempo asocio estos claroscuros con el descubrir de lo valioso en medio de semejantes contrastes de luz y oscuridad, aunque ciertamente pequeño pero capaz de emocionarme. Realmente estoy hablando de saberes, el deleite del sabor de la fresa lo delata, ya que la primera vez que las vi me sorprendió, porque ¡no sabía que hubiera fresas salvajes tan cerca de mi casa!, era algo de lo que había oído hablar pero resultaba que también allí ocurría. Entonces todo un mundo de interrogantes se abría, resultaba que las fresas no sólo salían de plantas que previamente había que cultivar en una huerta, existían de forma natural, entonces, ¿qué conexión había entre las plantas salvajes y las cultivadas?, ¿cómo habían hecho los hombres el trasvase?, ¿aquellas fresas locales habían sido las originales que se habían usado?, ¿cómo eran tan escasas?, ¿se acabarían extinguiendo las fresas salvajes?, .........

viernes, 2 de marzo de 2012

La ayuda americana de los años sesenta

En la escuela teníamos la ayuda americana que consistía en que nos mandaban leche en polvo (que venía en unos bidones de cartón grueso) y queso de barra. Con ayuda de unas perolas de aluminio y unas batidoras manuales de varillas se hacía todos los días la leche en frío que luego tomábamos en el recreo. Para ello contábamos con unos vasos de plástico de colores que dejábamos recogidos en un armario. También nos repartían un trozo de queso que muchos comían así aunque yo prefería comer con pan, por lo que me lo llevaba en la mano a casa hasta poder coger un trocito. Prefería el queso y no la leche, esta última tenía un gusto un poco especial. El reparto se hacía cuando las escuelas estaban en la última planta del Hotel, cuando bajamos se acabó al poco tiempo. Realmente estaba bien la ayuda porque había en  aquella época niños que bien les venía que tuvieran un suplemento lácteo como aquello. Nosotros como éramos niños no alcanzábamos a ver el porqué de la ayuda ni por qué se acabó. Más adelante comprendimos que no era un plan Marshall pero sí que era un gesto del gobierno americano hacia el español.