lunes, 30 de agosto de 2010

El Bonito y el Vigués

El Bonito y el Vigués eran los peluqueros de Cangas a los que iba a cortar el pelo. Antes venía el Bonito hasta Salgueiron y me cortaba el pelo en la huerta, previo a unas carreras mías escapando de él por la misma, donde acababa con un plátano en la mano que me colocaba mi madre para que estuviera quieto. La peluquería era otra cosa, había unas tertulias muy animadas antes y después de los domingos en los que jugaba el Alondras. El Bonito era masajista del equipo y por tanto estaba en primera línea como para conocer los entresijos de los partidos. Yo asistía a aquellas tertulias sentado en aquella silla de sube y baja, con mi escobilla matamoscas, mientras me trasquilaban con tijeras o maquinilla. También recuerdo que los cortes con la navaja en el cuello se secaban con una barra blanca, por suerte o por ignorancia todos compartíamos la navaja y los cortes sin peligro, claro que en aquella época hasta nosotros hacíamos pactos de sangre haciéndonos cortes e intercambiando las sangres. ¡Qué cosas!

domingo, 22 de agosto de 2010

Viñó. Agosto 2010

¡Hola salgueironienses! Aquí tenéis algunas de las fotos de nuestro encuentro anual. Para mí fue, como siempre, muy entrañable; espero que para vosotros también.

jueves, 22 de julio de 2010

Colchones de lana

Puede ser dificil de creer pero en los años 60, al llegar el buen tiempo, se cogían los colchones de lana, se descosían, se les sacaba toda la lana, se lavaba la lana y la funda, se secaban ambas y se volvía a meter la lana dentro y se cosía. Este lavado de colchón eran tres días por lo menos. La lana había que desapelmazarla antes de volver a meterla para que el colchón quedase mullido. Aún no se había inventado el colchón de muelles, las fábricas de colchones actuales vinieron después. Recuerdo que solía ser una tarde soleada dando el sol en el salón y todo aquello desparramado por el suelo dejando pasar la tarde hablando de todo un poco.

El pedramol y el limón

Aquellas cocinas de hierro había que fregarlas con estropajo de esparto y pedramol. Lo mismo las sartenes, hasta que quedaban relucientes. Los restos del limón también actuaban como buenos desengrasantes, se recurría a productos naturales y a mucha fuerza de brazos. Los pisos de madera había que fregarlos rodilla en suelo con cepillos de cerdas, cuanto más duros mejor, y no me extrañó que se inventara la fregona visto el sacrificio que representaba semejante lavado. No podemos olvidar los pilones, con frio o calor, restriga que te restriega para que quedasen blancas las sábanas. Recuerdo que la ropa blanca había que ponerla al sol para que se clarease y en invierno acababa tiesa por congelación. El trabajo de casa en aquella época era bastante duro, no había las comodidades de hoy en día, y eran nuestras madres las que cargaban con casi todo.

jueves, 1 de julio de 2010

Vida doméstica


LIMPIEZA.- Nuestras casas olían a lejía, producto muy común para fregar los suelos de baldosas ( con cepillo y de rodillas). Para lavar la ropa se utilizaba el jabón Lagarto y cuando se empezaron a usar los detergentes en polvo las marcas que recuerdo eran: OMO, ESE.
Para la limpieza de los muebles no me consta que se utilizara ningún producto que los abrillantaba; y para quitar el hollín de la cocina de hierro se usaba el PEDRA MOL ( piedra blanda para fregar).
MOBILIARIO.- En nuestras casas había un único televisor (en blanco y negro) que emitía la programación a partir del mediodía con la Carta de Ajuste. La marca del de mi casa era TELEFUNKEN.
Dormíamos en colchones de lana, hasta que llegaron los primeros PIKOLÍN y nos abrigábamos con unas mantas finas que llamábamos cobertores. No existían los modernos somieres, sino los metálicos que muy pronto perdían la horizontalidad. En la cabecera de la cama colgaba un interruptor que llamábamos “pera” por su forma. En mi casa, como en otras muchas, había lo que llamábamos “cama turca” ( plegable y cubierta por una cortina estampada) que se utilizaba en caso de visita.
Único era también el teléfono, colgado en la pared o sobre el mueble de entrada. Para poder hablar había que llamar a una centralita y darle el número ( de dos o tres cifras) con el que queríamos comunicar.
ALIMENTACIÓN.- Recuerdo con cierta añoranza algunos productos y marcas que marcaron nuestra infancia como el chocolate DOLCA y las galletas CUÉTARA. La leche la traía a casa la lechera en unos recipientes de lata, directamente de la vaca, sin tratamiento alguno. Al hervirla y enfriar, quedaba una capa de nata gruesa que con frecuencia la extendíamos en el pan espolvoreada con azúcar; ( era una de mis meriendas preferidas).
Una bebida común en nuestras casas era la gaseosa (FEIJÓO), que un camión traía por caja ( de madera)todas las semanas.
GOLOSINAS.- Los chicles eran de la marca BAZOKA y las pipas FACUNDO. Los helados eran cortes (de nata, vainilla , fresa o chocolate) o polos de hielo (con sabor a limón o fresa).
ÁLBUMES.- Coleccionar cromos era una de nuestras distracciones favoritas. Recuerdo una de animales, otra de deportes y alguna relacionada con series de televisión como “Viaje al fondo del mar”.Poníamos mucho interés en terminar la colección aunque siempre había algún cromo ( el escasito) que nunca aparecía. Cuando el pegamento IMEDIO se acababa, los pegábamos con una pasta hecha de harina y agua, e incluso lo intentábamos con monda de patata, aunque el resultado no era siempre el deseado.

martes, 22 de junio de 2010

Indios y vaqueros

El juego favorito de pequeños era el de indios y vaqueros -en el caso de los niños-, unos hacían de indios y otros de vaqueros, se disparaban tiros imaginarios y de algún modo se eliminaban de la refriega. Era la influencia de las películas americanas de este género (las películas de Alan Ladd y demás). No había ningún personaje en concreto, todo lo más el indio Jerónimo, el caso es que los indios eran como los malos y los vaqueros los buenos. Llegábamos a construir las pistolas de madera y los arcos y flechas con palos. En Reyes pedíamos pistolas de estralos para mejorar la parafernalia. Teníamos, también, figuritas y fuertes para jugar, montábamos una escenografía y hacíamos las batallas moviendo con las manos los indios y los vaqueros. Cuando íbamos a ver las películas y aparecía el séptimo de caballería para salvar a los buenos, la gente se ponía a aplaudir a rabiar como reconocimiento de aquella buena acción que acababa con la maldad de los malos, los indios, por supuesto. Con el paso de los años me he convencido de que sufrimos manipulación de los sentimientos,..., los buenos y los malos no son tan fácilmente reconocibles.

viernes, 18 de junio de 2010

Cuando había luciérnagas

En el anochecer de los días de verano, cuando hacia calor, se veían luciérnagas (¿vagalumes?) en Salgueirón. Eran pequeños insectos alados, del tamaño de un mosquito grande, con la parte inferior de su cuerpo con luz verdosa. Era corriente verlas aunque lo más fascinante era ver el mecanismo luminoso. Fueron desapareciendo por alguna razón, probablemente debida a la acción humana, tal vez sean insectos indicadores de pureza medioambiental, de esos que son los primeros en sentir los efectos de la contaminación. ¿Las volveremos a ver por Salgueirón?

domingo, 6 de junio de 2010

Los carrachos

El otro día escuché esta palabra en la tele y me acordé de los carrachos (garrapatas) que cogía mi perro en primavera. Empezaban por ser pequeñas arañitas por medio del pelo y acababan hinchándose de sangre detrás de sus orejas. Ésta era una de las causas por las que el Roll se embadurnaba de desechos de ballena, lo hacía para desparasitarse. Cuando ya los tenía enganchados se los quitábamos echándole aceite y arrancándolos cuando estaban debilitados. Los carrachos se veían entre la yerba por la que andábamos tirados todo el día, sin embargo no recuerdo que llegasen a engancharse en ninguno de nosotros, aunque sí se comentaba que había algún caso que había ocurrido fuera de la zona.

jueves, 3 de junio de 2010

La marea roja

En un momento determinado se empezó a ver sobre el agua de la costa unas manchas rojas, algo parecido a una contaminación de gas-oil, pero de color rojizo. Se empezó a decir que si las aguas "purgaban", que si eran microorganismos, aunque lo curioso es que antes no se veía tal cosa. Se aceptó como un proceso natural que impedía comer el marisco libremente, aunque para los baños no tuvo especial repercusión. La fábrica tenía sus vertidos por detrás del muelle y, en ocasiones, se extendía una mancha blancuzca con fuerte olor a pescado, aunque en esas circunstancias había abundante pescado, sobre todo mújeles, que venían atraidos por el supuesto alimento. Los residuos de la ballenera que iban al mar podían llegar hasta Rodeira y el matadero dejaba la Congorza toda de color rojo cada vez que se sacrificaban animales. En aquella época no había noción de la contaminación.

domingo, 16 de mayo de 2010

El forte de Balea

El forte de Balea era un bunker de una batería costera que se debió de construir durante la guerra civil española. Probablemente serviría para defender la entrada a la Ría de Vigo. Lo que quedaba era aquella explanada con los sólidos habitáculos subterráneos dónde se parapetarían los artilleros, no había más restos que la estructura de la construcción. Los niños nos metíamos por aquellos recovecos que dejaban ver por sus ventanales el mar de la ría y esta visita coincidía con la que hacíamos al zapatero.

lunes, 10 de mayo de 2010

El zapatero de Balea

El de zapatero era uno de los oficios más útiles en la época. Los zapatos se remendaban y se arreglaban cuando se rompían o se quedaban pequeños, y no sólo los de las mujeres, los de caballero y los de niño. Había un zapatero en Balea al que íbamos de vez en cuando enviados por nuestras madres, aunque también íbamos a arreglar balones y botas de fútbol. Lo singular era el sitio en si, -habitual por otra parte de todos los zapateros-, era oscuro, con un olor intenso, con hojas de revistas de chicas con poca ropa o con equipos de fútbol  en las paredes y, en el centro, el zapatero sentado, con su minusvalía, con su delantal de cuero, hablando con todo el mundo.

viernes, 16 de abril de 2010

Las lecheras

La leche de diario la traían las lecheras a casa, llegaban con aquellas "lecheras" en la cabeza con ayuda del "molinete" hasta la misma puerta y la medían con unos cazos del mismo material de hojalata. Aquella leche había que hervirla para sanearla y para que no se echara a perder -por lo visto, de pequeño tuve una intoxicación con la leche porque las vacas también enfermaban. La leche tenía bastante nata que se iba acumulando para hacer postres o mantequilla -recuerdo que los primeros bocadillos eran de nata con azúcar. Después, con la llegada de los supermercados, empezó a llegar en botella de cristal con tapa de papel aluminio, que había que devolver para que no cobraran el casco, y fue el declive de las lecheras.

martes, 30 de marzo de 2010

No cantar en Semana Santa

En Semana Santa no se podía cantar, así como suena, nada de canciones ni canturreos. La radio ponía música clásica de tipo fúnebre, intercalado con las noticias, y en verdad era un tostón. Se vivía la semana con este tipo de recogimiento, no sé si era más religioso o no, el caso es que había un paréntesis en la vida diaria y se notaba que era Semana Santa. Para nosotros había la compensación de los roscones de la época, un olor a dulce anisado impregnaba la casa porque se hacían unos cuantos (barras o roscas) para que duraran esos días, y aunque no se podía cantar, al menos, se podía comer dulce.

viernes, 19 de marzo de 2010

Los zapatos Gorila

En aquella época había unos zapatos marca Gorila que tenían fama de ser muy resistentes, pero había una cosa más interesante que los zapatos, para nosotros los niños, y era que con cada caja de un par de estos zapatos regalaban una pelota de goma verde. Esta pelota también era dura y resistente, a la altura de los zapatos, y nosotros la usábamos para jugar al juego aquel de lanzarnos pelotazos con aquel proyectil. El caso es que dolía y había que estar a distancia, necesitábamos toda la Alameda para jugar, lo cual da idea de la magnitud del lanzamiento. No recuerdo el nombre de aquel juego pero casi podíamos emular al béisbol con los latigazos que mandábamos con el brazo a todo poder.

domingo, 28 de febrero de 2010

Playa de la Congorza


Una foto del Faro de Vigo de la playa de la Congorza.
Domingo 28 de febrero de 2010

En primer plano una gamela y una chalana, la playa a continuación y los edificios de la Ballenera al fondo. Detrás del fotógrafo estaría el Matadero y la Laguna.
El camino que hay sobre el muro lleva al muellecito. La playa de la Congorza (¿de dónde vendrá ese nombre?) es pequeña y se usaba entonces para poner las gamelas y chalanas, a lo sumo algunos bañistas la usaban para tomar el sol. El principal problema entonces era la sangre del matadero que dejaba la pequeña rada de color rojo cuando se mataban las vacas.